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Ochenta
universitarios con tres profesores de la UCSS
se estremecieron el domingo 11 de julio del 2004
al llegar al bello paraje en el que se ubica la
hacienda de Santiago de Punchauca, en el km. 25.2
de la antigua carretera Lima Canta, en el distrito
de Carabayllo. “Hay fumones, no entren”
nos alertaron los vecinos. Con cierta precaución,
bajé del ómnibus y me acerqué.
Ningún morador, muchas huellas: papeles,
excrementos, olores, suciedad…A pesar de
su belleza etimológica, Punchauca significa
en quechua: “punchau”: día
con sol y “huaca” lugar de adoración,
hoy todo huele a podrido en este abandonado solar,
otrora corazón patrio, y que en 1980 fue
declarada Patrimonio Monumental de la Nación.
La casa hacienda de Punchauca ocupa alrededor
de 1,400 m2, y está rodeada de extensas
tierras de cultivo en las que sembraban trigo,
caña y algodón. De acuerdo con estudios
la casa poseía un huerto ubicado en la
parte posterior, una botica, la casa del doctor,
de las enfermeras y la servidumbre. También
tiene un sótano instalado en las escaleras
de las puertas de ingreso principal y era utilizado
como calabozo. A pesar de lo deteriorado de sus
instalaciones se deja percibir que en esta construcción
predominan tres colores, el primer ambiente era
de color mostaza, el segundo ambiente añil
y por último blanco.
El maestro Porras Barrenechea, citando el diccionario
Stiglich denunciaba ya en ese entonces (1950)
su abandono: “En 1932 realicé con
mis alumnos de Historia del Perú del colegio
Raimondi una visita a este lugar histórico
abandonado. La casa Punchauca está hoy
deshabitada, pero a la distancia de los que llegan
a ella ofrece una noble prestancia antigua. Restaurada
en parte, ha conservado su antañona disposición,
sus viejos balaustres torneados y sus puertas
amplias y talladas de clásica hidalguía
hispana…La sala principal donde se realizó
la Conferencia está ahora ocupada por fardos
de algodón y en la parte posterior de la
casa hay una amplia galería que mira a
un huerto abandonado en el que una para se retuerce
con un gesto añoso sobre la impasibilidad
del muro destartalado y polvoriento”.
La cantante Julie Freundt le dedicó su
tesis de arquitectura. El P. San Cristóbal
describió magistralmente su estilo arquitectónico
cuando todavía seguía en pie, en
la revista STUDIUM de la Universidad Católica
Sedes Sapientiae (Lima 2001): “El núcleo
central de la casa-hacienda Punchauca conserva,
aunque con deteriores materiales de mucha consideración,
las estructuras de dos grupos habitacionales entre
los que se intercala un amplio patio central,
y la diminuta capilla adosada a la residencia
principal…En su conjunto, esta casa hacienda
de Punchauca muestra un aspecto variado de noble
sencillez, pero muy expresivo de la arquitectura
virreinal propias de las casas señoriales
del campo”.
Punchauca es un modelo de arquitectura rural del
s. XVIII, y fue construida sobre las bases de
una huaca. Se levantó sobre este lugar
sagrado para evitar que los indios siguieran rindiendo
culto a sus dioses. Por orden del cabildo limeño,
estas tierras del señorío de Collique,
le fueron otorgadas en 1543 al primer burgomaestre
limeño, Nicolás de Rivera “El
Viejo”. La casona fue bautizada como Santiago
de Punchauca, por su devoción al santo
apóstol; para su culto se construyó
una capilla interior, con una imagen en su honor
de madera policromada. También se hallaba
en este altar la imagen de Nuestra Señora
de la Soledad, aunque algunos hablan de La Merced
y de un lienzo con la figura de Cristo. Sea como
fuere, lo cierto es que hasta hace diez años
el altar y la imagen de Santiago todavía
perduraban. Los pobladores del lugar dicen que
la madera del altar fue arrancada y empleada como
leña, en tanto que la imagen de Santiago
montado en su caballo (de aproximadamente 50 kilos)
fue encontrado semidestruido, y ahora es custodiado
por uno de los vecinos.
A la muerte de Nicolás de Rivera, en 1593,
su esposa Elvira Dávalos confirma la posesión
de esta encomienda; sus descendientes la venden
a Francisco Donoso. Después de pertenecer
a varios dueños, la casa hacienda Santiago
de Punchauca pasó a manos de don Antonio
Jimeno, partidario del virrey Don José
La Serna. En 1821 cuando el calmado ambiente limeño
era movido por las ideologías separatistas,
este local cumplió un gran papel, pues
fue testigo de las conversaciones entre el virrey
José La Serna y el general Don José
de San Martín. Fue a las tres de la tarde
del 2 de junio de 1821 cuando La Serna llegó
a Punchauca, donde lo esperaba el Libertador para
exponer su propuesta monárquica. En este
momento se decidió el destino del Perú.
Tras días de espera finalmente el virrey
la Serna después de haber estudiado el
pensamiento y las pretensiones del libertador
rechazó sus propuestas. Treinta días
después, el 28 de julio, San Martín
en Lima proclamó la independencia del Perú.
Luego de este histórico suceso, la casa
hacienda de Santiago de Punchauca cobró
notoriedad durante la guerra con Chile, cuando
el presidente Nicolás de Piérola,
en su huida al centro del país comunica
desde Punchauca al coronel Belisario Suárez,
jefe militar de la Plaza se retire de Lima sin
oponer resistencia para que la capital sea respetada
por los chilenos. Ya en el siglo XX, la hacienda
tenía como propietario a la familia Nicolini
y hacía los años 45 fue embargada
para luego ser adquirida por la familia Dibós.
Ellos fueron los últimos propietarios de
este inmueble hasta que por la famosa Reforma
Agraria del general Velasco Alvarado las tierras
pasan a manos de los trabajadores que reciben
sus títulos en 1974. De esta forma Punchauca
se convierte en la Cooperativa Agrícola
y de Servicio.
Según refiere el profesor José Ramírez,
ex-funcionario de la alcaldía de Carabayllo,
estudioso de este histórico lugar, la hacienda
de Punchauca era todo un basural hasta que él
y sus alumnos decidieron limpiarla; encontraron
valiosos objetos como monedas, clavos hechos a
mano, una balanza romana, una herradura, una talla
de madera de Santiago Apóstol, un mortero
y otras piezas de artículos domésticos.
También fragmentos de cerámica,
cristalería, vajillas de la época
colonial y republicana.
A fin de que este “santuario” de la
peruanidad no se convierta en un estercolero,
los responsables del cuidado de éste, el
INC, la municipalidad de Carabayllo, SEDAPAL,
los vecinos, tienen la palabra.
José Antonio
Benito |