En su discurso de agradecimiento, Monseñor
Panizza manifestó ser solo “la
punta del iceberg”, haciendo inmediata
referencia a todas las personas que han realizado,
junto con él, en la enorme labor social desarrollada
en Lima Norte; personas que también se merecen
el premio, pero que no están allí para
recibirlo pues “son muchos los ríos que
confluyen en este mar”, señaló.
Como obispo de la Diócesis de Carabayllo
desde 1997, Monseñor Lino Panizza
alentó y promovió la educación,
fundando hacia mayo de 1998 la Universidad Católica
Sedes Sapientiae, siendo ésta una de sus labores
más reconocidas a nivel internacional y resaltada
por los organizadores de esta premiación. Ellos
destacaron todo lo que Monseñor ha creado en
su entorno, a pesar de la lejanía y la difícil
situación que encontró por ese entonces,
enfocando todo su esfuerzo en luchar contra la ignorancia,
mal que afecta a países del tercer y primer
mundo. Así, para nuestro obispo de Carabayllo,
son los jóvenes quienes se ven más afectados
por esta situación y, por esa razón,
había que combatir la ignorancia con Educación,
uno de los pilares fundamentales del futuro. La idea
de la creación de una universidad en Lima Norte
se originó aquí; el resto de la historia
ya los sabemos todos.
En junio del año pasado, fue también
la región Liguria la que distinguió
a Monseñor con el premio “RADICI L´emigrante
ligure del mondo”, por su destacado trabajo
en la diócesis de Carabayllo.
Finalmente, Monseñor Lino Panizza señaló
que la concesión de El Olivo de Oro ha sido
también una forma de mantener los vínculos
con su tierra de origen, lazos que “la distancia
no puede romper y que más bien refuerza”,
agradeciendo sencillamente a sus superiores por haberle
permitido servir a los demás, pues la vida
no sirve sin ello.