
Mons. Lino Panizza
Richero
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Nuestra primera preocupación
es la dignidad de las personas y el desarrollo
de sus capacidades para que puedan servir a
la comunidad como profesionales en el campo
de la educación y la economía.
Nuestro país tiene necesidad
de hombres libres, que sepan educar
a las nuevas generaciones en la fascinante tarea
de formar a personas e introducirlas en la realidad
con responsabilidad.
Además es necesario que haya profesionales
creativos y capaces de promover nuevas oportunidades
de trabajo, para que todos tengan la posibilidad
de crecer, madurar como personas y realizar
sus sueños y aspiraciones.
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La institución “universidad”
siempre ha tenido como objetivo y debe tener también
hoy la búsqueda, la formulación
y la transmisión de la verdad. Debe investigar
la verdad y educar en la verdad; son estos los
dos objetivos originarios, si no únicos
de la universidad desde su fundación en
el siglo XIII hasta hoy. |
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El Papa ha dicho que la universidad es especialmente
un ámbito de libertad para la manifestación
de los hijos de Dios:
“El vínculo del Evangelio con el
hombre es creador de cultura en su mismo fundamento,
ya que enseña a amar al hombre en su humanidad
y en su dignidad excepcional. La síntesis
entre cultura y fe no es solo una exigencia de
la cultura, sino también de la fe (…).
Una fe que no se hace cultura es una fe no plenamente
acogida, no totalmente pensada, no fielmente vivida”.
Iniciando este
trabajo y tratando de responder al desafío
de la realidad, ponemos en las manos de la Virgen
María, “Sedes
Sapientiae”,
y bajo su protección esta nueva casa de
estudios superiores.
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