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| Jacques Derrida, la diferencia deconstructiva |
| Por: Javier Morales Mena (*) |
Toda la prensa especializada del mundo informaba, hace algo más de un año, la inconmensurable pérdida de uno de los pensadores más audaces y brillantes que ha dado occidente: Jacques Derrida (1930 - 2004).
Como todos los jóvenes de su edad soñó con ser futbolista profesional, pero la lectura de Rousseau y Nietzsche, a quienes llama «mis héroes positivos», despertará su interés por la reflexión atenta entorno a los problemas del hombre. Acercamiento que, luego, a sus 19 años, fortalecerá y definirá su vocación filosófica con la lectura de Kierkegaard y Heidegger.
Derrida empezó a captar la atención del público en general a finales de 1965 cuando publicó dos extensas reseñas de libros sobre la historia y naturaleza de la escritura, en la revista parisina Critique. Sin embargo, el texto que marca el nacimiento de la Deconstrucción: «La estructura, el signo y el juego en el discurso de las ciencias humanas», fue leído en el Coloquio internacional sobre lenguajes críticos y las ciencias del hombre, realizado en la Universidad John Hopkins, de Baltimora (EE.UU), en octubre de 1966. La consagración como filósofo deviene cuando publica un año más tarde tres textos capitales: De la gramatología, en la que analiza la filosofía del lenguaje de Lévi-Strauss y Rousseau; La escritura y la diferencia, colección de brillantes ensayos donde cuestiona los fundamentos logocentristas que sustentan la idea de escritura; y La voz y el fenómeno, donde se ocupa sobre el signo en Husserl. En adelante seguirán un ingente número de títulos traducidos a varios idiomas.
Se suele reconocer que el estilo de Derrida puede llegar a ser «tortuoso», «ilegible» o «difícilmente comprensible», ya que hace estallar los esquemas tradicionales de razonamiento y escritura científica o académica. La dificultad de comprensión no sólo gravita en la demanda de cierta competencia filosófica antes de la incorporación a la compleja textualidad deconstructiva, sino también en que el proceder deconstructivo atenta contra algunos principios de la lógica de identidad que deriva de Aristóteles, y que sirve como engranaje al modo normal de pensamiento. Es decir, se deconstruye la ley de identidad, que certifica que «lo que es, es»; la ley de contradicción, según la cual "nada puede ser y, al mismo tiempo, no ser", y la ley del medio excluido, según la que «todo debe ser o no ser». El resultado es evidente: paradojas indecidibles.
De esta manera, los conceptos, las identidades, los significados se subvierten constantemente para releer, en filosofía, Platón, Rousseau, Kant, Hegel, Nietzsche, Heidegger, Lévinas; en literatura a Mallarmé, Artaud, Kafka, Joyce, Blanchot, Ponge; en teoría contemporánea - estructuralismo, psicoanálisis, marxismo - Saussure, Barthes, Foucault, Freud. Lo que tenemos luego de estos giros de lectura y escritura deconstructiva no son juegos retóricos de lenguaje, más bien son "fuegos de palabras donde los signos se consumen hasta las cenizas" y donde los sistemas edificados quedan desmontados y neutralizados, no destruidos.
* Lic.en Literatura por la Universidad de San Marcos en Literatura Profesor de la Sedes de Teoría literaria y redacción. Publicado el viernes 7 de julio en "La Razón"
| Presencia de Jacques Derrida |
| Por: Giancarlo Stagnaro* |
Hace casi dos años falleció el pensador francés Jacques Derrida, célebre por instaurar el método de la «deconstrucción» en el campo de las humanidades. Así se denomina a la tarea de relectura de la tradición filosófica occidental iniciada por Nietzsche, Husserl y Heidegger, la cual no puede entenderse si no nos situamos en medio de la ebullición cultural e intelectual que sacudió a Francia a mediados del siglo XX. La lingüística de Ferdinand de Saussure y la antropología estructural de Claude Lévi-Strauss captaron a un interesante grupo de jóvenes pensadores, entre los que se encontraban Michel Foucault, Roland Barthes y Jacques Derrida. Este último, nacido en Argelia en 1930, pronto se hizo famoso por rebatir los supuestos epistemológicos del estructuralismo reciente. Uno de sus primeros libros, De la gramatología (1967), incidía en la relación de opacidad entre pensamiento y escritura; y de cómo la forma de la escritura había incidido en la manera de pensar (y, por ende, de concebir el mundo) en Occidente.
Derrida ejerció un impacto significativo en la filosofía y la teoría literaria. La deconstrucción, en ese sentido, es más que un método: es un acto de lectura de manera abierta y provocativa, donde la verdad revela su rostro ficcional. La Universidad Católica Sedes Sapientiae (UCSS), con el auspicio de la Alianza Francesa, inicia a partir de hoy el seminario «Espectros de Derrida». Los docentes Leyla Perrone-Moisés (universidad de São Paulo), Peggy Kamuf (universidad de Southern California) y el filósofo italiano Carmine di Martino (universidad Statale di Milano) ofrecerán charlas alrededor del legado del innovador pensador francés. El seminario se desarrolla hoy en la UCSS (esquina de Constelaciones y Sol de Oro, Los Olivos) a partir de las 17.30 horas. Mañana, la cita es en la Alianza Francesa (Arequipa 4595), de 18.30 a 21.30 horas. El ingreso en ambos locales es libre.
* Editor de Cultural. Pubblicado el Lunes 3 de julio en "El Peruano".
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