| |
Monseñor Miguel Fitzgerald (Korki, Irlanda, 1925) es uno de los personajes más queridos del Cono Norte limeño. Su obra y el incansable trabajo pastoral son los méritos por los cuales hoy, a cincuenta años de su llegada al Perú, es oportunamente reconocido como un importante misionero de la Lima del siglo XX.
Hablar del crecimiento espiritual que han logrado los distritos del Cono Norte, a más de medio siglo de su conformación, es hablar sin duda de la significativa labor de los Misioneros de San Columbano. Y hacerlo supone, sobre todo, realizar una retrospectiva de la obra de una de sus vocaciones más destacadas: Mons. Miguel Fitzgerald, misionero columbano con más de 50 años al servicio de las comunidades de fe y, por ende, testigo de la vertiginosa evolución de esta zona de la capital.
Hace setenta y siete años…
Miguel Fitzgerald nace en el Puerto de Korki, al sur de Irlanda, en el año de 1925. Hijo de una familia católica de la clase media trabajadora, sintió el llamado a su vocación a los 18 años, en 1943, mientras se iniciaba en la vida universitaria y cuestionaba su futuro. Por ese entonces, Irlanda experimentaba una suerte de despoblamiento misionero, una realidad que le llamó la atención hasta que optó por ser sacerdote y misionero columbano.
Su primigenia experiencia como tal la viviría en China, en una de las sedes de los columbanos, siguiendo sus estudios en el Seminario de Dalga. Luego de seis años de preparación fue ordenado sacerdote en diciembre de 1949. Su primer destino fue Japón, pero la guerra con Corea, hacia 1950, y la muerte de dos obispos columbanos como consecuencia, impidieron su partida. Un año después sería asignado a Country, Inglaterra, a una parroquia que necesitaba el apoyo de un sacerdote. Fue entonces que vivió su primera experiencia pastoral. Country había sido bombardeada por los alemanes durante la II Guerra Mundial, puesto que era sede de fábricas de tanques y aviones. Había que “revivir” a toda la gente que logró mantenerse en pie luego del desastre. Participar de la reconstrucción de la parroquia y sus fieles fue uno de los retos más interesantes.
Rumbo al Perú
De regreso a Irlanda, Mons. Fitzgerald encontró la novedad de que los columbanos pensaban, por primera vez, en la posibilidad de trabajar en países como Perú, Chile y Argentina. El P. Malaquías sería el primer columbano en llegar a estas costas, allá por el año de 1952.
Monseñor partiría el mismo año desde el puerto de Liverpool, Inglaterra con algo de incertidumbre por el lugar que iba a conocer y la misión que le esperaba.
Durante el largo viaje en barco conocería a otros que, como él se embarcarían ya sea por primera vez o de regreso a estas tierras. Allí estaban el P. Arnold Janson, de la orden de los Misioneros del Sagrado Corazón; un grupo de estudiantes jesuitas que terminaban su curso de filosofía en España, entre ellos se encontraba quien con el tiempo sería Mons. Luis Bambarén; los misioneros dominicos que venían a Puerto Maldonado; entre otros.
Veintiocho días después, sin descuidar las celebraciones litúrgicas a bordo, llegaban al Callao en medio de expectativa y gran acogida hacia los misioneros.
Los primeros años de Piñonate y 27 de octubre
Se instaló en la casa de los jesuitas, en el Colegio La Inmaculada de la avenida de La Colmena, en el centro de Lima. Era el sitio más cercano hacia el lugar donde él y los de su orden estaban designados a trabajar: Piñonate; Zarumilla y 27 de octubre (hoy distrito de San Martín de Porres), en donde no había ni iglesia, ni casa parroquial. El único centro religioso de la zona era un hospital de cuarentena para personas con enfermedades contagiosas, atendido por las religiosas de María Auxiliadora. El resto de la zona, que hoy se conoce como Cono Norte, estaba conformado por 15 haciendas, como Bocanegra, San Agustín, Chuquitanta; Cavaría, Garagay, La Tablada, por decir algunas.
Poco a poco se fue proyectando el sueño de crear la primera parroquia de la zona, en Piñonate. La primera capilla, en la esquina de Caquetá, se erigió en los cimientos de la Biblioteca Inca Gracilazo de la Vega, bajo el nombre del entonces Beato Martín de Porres, con una gestión especial ante el Vaticano. Con el tiempo Mons. Fitzgerald podía contemplar con beneplácito la consolidación de la Parroquia de San Martín de Porres, en plena efervescencia de la migración y la explosión demográfica de la ciudad. Los misioneros columbanos, en este sentido, contribuyeron, junto a los pobladores, a la formación del entonces nuevo distrito y puerta del Cono Norte: San Martín de Porres.
Mirando al Norte: el llamado de Villa Sol y Palmeras
Los casos de Villa Sol y Palmeras son particulares y anecdóticos. Fitzgerald se encontraba en Sol de Oro, en la ya constituida Parroquia de El Buen Pastor y la labor del Padre Leo Grant. La jurisdicción de la Parroquia era muy grande. Entonces los pobladores de Villa Sol iban hasta Sol de Oro a buscarle para que celebrara la misa, por las noches, en el lugar. Él no pudo resistirse ante esa necesidad. Al poco tiempo se haría realidad, con el oportuno trabajo y apoyo de la Madre Bridie, de las Madres de la Misericordia.
Similar sería el caso de Palmeras, incluso aquí las misas se celebraban en las instalaciones del Cine Palmeras, lo cual podría adormecer la idea de un templo propio. Fue entonces que Fitzgerald prefirió celebrar en las esquinas a fin de que el sueño del templo tomara cuerpo a futuro.
Muchas han sido las obras de Monseñor Fitzgerald y los Misioneros de San Columbano, reconocidas por religiosos, religiosas laicos y alcaldes. Hoy, algunas de estas obras vienen siendo respetuosamente continuadas por sacerdotes diocesanos.
(Boletín Voces Universitarias. Lima, Universidad Católica Sedes Sapientiae. Año III. Nº 6. 2002. págs. 13 y 19)
Mesa histórica. Mons. Fitzgerald participando de la mesa de honor en el Primer Congreso Nacional de Historia de Lima Norte, llevado a cabo en agosto de 2005. Lo acompañan, entre autoridades universitarias, el Hno. Leonardo Rego, la Hna. María Van der Linde y el P. Claudio Chouinard.
Mons. Fitzgerald, participando en el seminario El Mestizaje en la Evangelización, en el año 2000. Lo acompañan en la mesa el Dr. P. Fidel González y el Dr. Gian Battista Bolis. |
|