Dos cosas me impresionaron sobremanera en mi última visita a la Universidad Católica Sedes Sapientiae. En primer lugar, la masiva participación de estudiantes y profesores en la jornada conmemorativa de los 60 años de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de la ONU y, en segundo lugar, la calidad de las publicaciones del Fondo Editorial UCSS. Respecto de lo primero, pienso que fue una decisión muy acertada involucrar a estudiantes y profesores en la realización de la jornada. Con ello, se supera el carácter meramente protocolar que tienen muchos de estos actos y se transforma de verdad en un acto académico en el que se concurre para escuchar, preguntar y aprender. No obstante el calor reinante, no obstante también que ya me habían escuchado pacientemente durante cuarenta minutos, recibí no menos de cincuenta preguntas por escrito que sobrepasaron completamente mi capacidad de responder. Sólo las pude agrupar en dos grandes unidades temáticas. ¿Cómo no recordar la famosa afirmación de Heidegger, de que "preguntar es la devoción del pensar"? Las preguntas recibidas fueron para mí el consuelo de comprobar que no obstante las incómodas condiciones existentes, habían seguido el argumento con atención y profundidad. Que además, tuvieran después la oportunidad de discutirlo con sus profesores en grupos más pequeños en las respectivas salas de clases, muestra también la inteligencia de quien organizó el evento y el compromiso de toda la comunidad universitaria para asumirlo como propio.
Quisiera destacarlo, puesto que no me parece que sea frecuente en las universidades encontrar este grado de seriedad en los actos que organizan.
El segundo aspecto que me impresionó sobremanera fue la calidad académica de las publicaciones del Fondo Editorial, tanto de la revista
Studium Veritatis, como de los libros. Leo y estudio, en estos días, el libro de Giuseppe Zaffaroni
Etica de la realización humana que intenta completar el pensamiento de Zubiri en un ámbito que él mismo no desarrolló. Tanto este libro como los artículos de la Revista me gustaron mucho por su sencillez, su deseo de saber y de profundizar aspectos importantes de la realidad y de su sentido, sin esa indisimulada soberbia que es usual encontrar en las publicaciones académicas que sólo pretenden acreditar prestigio. Es un síntoma de una comunidad universitaria sana y auténtica, cuyo norte es la diaconía de la verdad y de la formación de los jóvenes.
Un afectuoso abrazo